Seriamente analizo el abismo de tiempo y espacio que me separa del librador del destello que permanece. El dolor lo persigue reclamando su belleza, queriendo apoderarse de mi gran tesoro. Con celo encapsulo recuerdos cuando brota de lo más profundo un manantial de lava y alcanzandome arrastra mi envase hacia el abismo.
El daño es ciclópeo se infiltra hasta la última esquina de mi incógnito y tengo plena consciencia que no se detendrá hasta arrebatarlo. Pronto fractura mi trabajo fascinandose con pasión hasta de la última gota.
No lo asimila como yo esperaba. Acto seguido sustituye con un material impuro y violentamente abandona su trabajo en el Corredor. Con temor me refugio en un delicado cofre de cristal.
Consecuencia de un resultado sublime entorpece sus movimientos y se percata de su descuido al regresar la mirada. Impetuoso se zambulle entre la lava emergiendo una vez más justo en el borde del abismo y al contemplar el camino equivocado regresa al origen.

Y al final ganó.
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